La ansiedad como desencadenante de los atracones

Me costó un tiempo, pero mi ansiedad me llevó al trastorno por atracón.

Sucedió insidiosamente porque siempre he tenido una relación complicada con la comida.

Me encanta pensar, hablar, cocinar, comer y compartir la comida.

En ocasiones, la he tratado como mi enemiga, y en otras, he recurrido a ella en busca de consuelo.

Siempre he sido una comedora emocional, y tanto si estoy celebrando como compadeciéndome, hay comida para cada ocasión.

La comida es una fuente de consuelo para mí, y con frecuencia recurro al chocolate, las patatas fritas y el helado ante los desafíos emocionales. P

ero cuando en 2017 sufrí una grave crisis de ansiedad que duró varios meses y me obligó a pedir la baja por enfermedad en mi trabajo, la comida reconfortante se convirtió en atracones.

La ansiedad me llevó a un trastorno alimentario

No puedo precisar el momento exacto en que cambió. Fue más bien un avance gradual.

Los peores momentos eran las tardes y noches en las que el agobio de los antojos me hacía salir de casa -donde pasaba la mayor parte del tiempo- en busca de una forma de saciarlos.

Y, al vivir en el centro de Barcelona, la tentación estaba en mi puerta.

Mi terapeuta me diagnosticó un trastorno alimentario durante una conversación sobre mis problemas de imagen corporal.

Me ayudó a notar la correlación entre mis atracones y la ansiedad. Comprender este vínculo fue la clave para abordar mi TCA y recuperar el control de mi relación con la comida.

Con el apoyo de mi terapeuta, la medicación adecuada y la meditación y el ejercicio diario, me r  ecuperé de la ansiedad hasta el punto de que dejó de ser debilitante en pocos meses.

Al cabo de un año y medio, pude dejar la medicación, y desde entonces he gestionado con éxito mis síntomas mediante prácticas holísticas.

Llegar a la raíz del trastorno por atracón

El trastorno por atracón suele coincidir con la ansiedad y a día de hoy, todavía puedo recaer en los atracones si mi salud mental -en particular mi ansiedad- se vuelve lo suficientemente inestable. Sucedió recientemente, al principio del brote de COVID-19 en Europa, cuando pasé casi tres semanas sola en autoaislamiento.

Al principio, entré en la espiral del ciclo de atracones-vergüenzas-repeticiones que caracteriza al TAB.

Pero, al final, recordé que tenía que abordar los problemas emocionales subyacentes para romper la cadena.

  1. Recurrí a mi caja de herramientas curativas
  2. Utilicé la meditación para mirar en mi interior y tomar conciencia del dolor emocional que impulsaba mis atracones
  3. Utilicé técnicas de diario para liberar las emociones bloqueadas y hablé con mi pareja y con un amigo de confianza

Esta experiencia me hizo comprender que los atracones son el canario de mi mina emocional.

Mi relación con la comida es un barómetro de mi estado emocional subconsciente: cuando tengo una relación equilibrada con ella, normalmente también estoy equilibrada emocionalmente.

Cuando empiezan a aparecer síntomas como los antojos y los atracones, sé que tengo que abordar sus raíces emocionales para volver a tenerlos bajo control.

Si sufres de algún trastorno alimentario y con frecuencia recurres a la comida para dejar de pensar en tus problemas te animo a que busques ayuda de un terapeuta.

También puedes considerar la posibilidad de explorar técnicas como la meditación y la escritura de un diario.

¿Tus atracones coinciden con la ansiedad u otro problema de salud mental? ¿Qué herramientas y técnicas utilizas para afrontarlo? Házmelo saber en los comentarios.

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